
En la granja, todo era sencillo.
El gato salía al jardín, buscaba tierra blanda, cavaba y cubría. Nadie se preocupaba. La naturaleza resolvía.
Luego llegó la ciudad.
Un apartamento alto, sin jardín, sin suelo natural. Solo superficies duras. Para el gato, ir al baño dejó de ser algo natural.
Maga observó.
El gato siempre buscaba algo suave, que pudiera cavar, que absorbiera humedad.
Pensó en tierra.
Pero la tierra era pesada, polvorienta, húmeda y difícil de limpiar.
Entonces vio los restos de madera: virutas y serrín.
Ligeros. Secos. Absorbentes.
No usar las virutas directamente — se pegaban al pelaje.
Pero convertidas en pellets, eran perfectas: suaves, absorbentes, fáciles de controlar y desechables por el inodoro.
Maga filtró, limpió, prensó.
Colocó los pellets en una caja fácil de lavar.
Al principio, el gato dudó.
Maga mostró. Cavó. Repitió.
El gato entendió.
Después del uso, todo se limpiaba fácilmente.
Así nació algo más que arena para gatos.
Nació una forma de respetar la naturaleza del animal.
El próximo capítulo hablará de materiales, elecciones y responsabilidad.